Henri Émile Benoît Matisse (31 de diciembre de 1869 – 3 de noviembre de 1954)

Henri Matisse

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Henri Émile Benoît Matisse (31 de diciembre de 1869 – 3 de noviembre de 1954) fue un pintor francés conocido por su uso del color y por su uso original y fluido del dibujo. Como dibujante, grabador, escultor, pero principalmente como pintor, Matisse es reconocido ampliamente, junto a Pablo Picasso como uno de los grandes artistas del siglo XX. Al inicio de su carrera se le identificó con el fauvismo y para los años 20 ya se había destacado por su maestría en el lenguaje expresivo del color y del dibujo, la cual desplegó en una inmensa producción que se extendió por más de medio siglo, y que consagró su reputación como una de las figuras centrales del arte moderno. Durante su trayectoria supo conjugar en sus obras la influencia de artistas como Van Gogh o Gauguin, con la de las cerámicas persas, el arte africano o las telas moriscas.

Nació en Le Cateau-Cambrésis el 31 de diciembre de 1869, una pequeña localidad al norte de Francia, en el seno de una familia dedicada al comercio, específicamente de droguería y semillas.1 En 1887, se trasladó a París para estudiar leyes, al tiempo que trabaja como administrativo en la corte de Le Cateau-Cambrésis.

Comenzó a pintar en 1889, cuando convaleciente de una apendicitis su madre le lleva elementos para pintar. Según dijo de este momento de su vida que descubrió una especie de paraíso.2 Y a partir de entonces decide convertirse en artista plástico, a pesar de que esto decepcionó profundamente a su padre.3 En París asistió a cursos en la Académie Julian y en 1892 ingresó en la Escuela de Bellas Artes, recibiendo clases en el taller del pintor simbolista Gustave Moreau, donde coincidió con Rouault, Camoin y Marquet, además de relacionarse también con el artista Dufy, discípulo de Pierre Bonnard.

Al carnerero de su trayectoria artística practicó el dibujo del natural en un estilo más bien tradicional, como se aprecia en El tejedor bretón, y realizó copias en el Louvre. Más adelante pasó a pintar luminosos paisajes de Córcega y de la Costa Azul, dejándose llevar por los aires impresionistas de la época, y practicó esporádicamente el divisionismo. En esta etapa tuvo como discípulo y gran amigo al pintor japonés Yoshio Aoyama (el cual ha dejado en la historia del arte el término de «azul Aoyama»).

Como estudiante de arte, su pintor más admirado fue Chardin, realizando copias de las cuatro piezas del Louvre.

En 1896 expuso cuatro lienzos en la Société Nationale des Beaux Arts con notable éxito.

Muchas de las pinturas entre 1898 y 1901 recurren al divisionismo, técnica que adopta luego de leer un aescrito de Paul Signac, «D’Eugène Delacroix au Néo-impressionisme».

Con el comienzo del siglo, lideró junto con André Derain un grupo conocido como Fauvismo. Un movimiento efímero que tuvo tres exhibiciones.6 7

La primera muestra individual la realizó en la galería Ambroise Vollard en 1904,8 con poco éxito. El uso del color se había pronunciado, por influencias de Signac y Henri Edmond Cross. Año en el que pinta su trabajo impresionista más importante, Luxe, Calme et Volupté.

En 1905, unos artistas del fauvismo exponen en el Salon d’Automne. Las pinturas expresan emoción con colores salvajes y disonantes. El crítico de arte Louis Vauxcelles dijo «Donatello au milieu des fauves!» (Donatello entre bestias salvajes), refiriendose a una escultura de tipo renancentista que estaba en el salón donde era la exposición.

Matisse mostró Ventana abierta, Collioure (Óleo de 55,3 cm x 46 cm; 1905) y Mujer con sombrero (Óleo de 79,4 cm × 59,7 cm; 1905). La muestra en general y el material de Matisse en particular resultaron un escándalo para la época y fueron objeto de una crítica muy agresiva «The Painted Lady». 4 de abril de 2011..

En algunas de sus figuras pintadas hacia fin de siglo está presente la influencia de Cézanne, pero a partir de 1907 su estilo se hizo más definido y pintó a la manera fauve: supresión de detalles y tendencia a la simplificación, con lo que obtuvo cuadros impregnados de paz y armonía, como Lujo, calma y voluptuosidad o El marinero de la gorra. Mediante zonas de color diferenciadas, tradujo la forma de los objetos y el espacio existente entre ellos, además de introducir arabescos y crear un ritmo característico en sus cuadros, como en Las alfombras rojas. Su uso del color fue de una gran sensualidad, aunque siempre muy controlada por una metódica organización estructural. Como él mismo declaró: «Sueño con un arte de equilibrio, de tranquilidad, sin tema que inquiete o preocupe, algo así como un lenitivo, un calmante cerebral parecido a un buen sillón». Otro de sus rasgos peculiares es la sensación de bidimensionalidad de cuadros como La habitación roja (o Armonía en rojo) o Naturaleza muerta con berenjenas, en los que la ilusión de profundidad queda anulada mediante el uso de la misma intensidad cromática en elementos que aparecen en primer o en último plano (Taller en rojo).

En 1910 viajó a España; en Madrid visitó el Museo del Prado y su estancia en Granada y Sevilla contribuyó a acercarle a la estética oriental. En 1912 y 1913 viajó a Marruecos, donde la luz le inspiró cuadros sobre paisajes mediterráneos de gran colorido, como Los marroquíes.

Hacia 1916 se inició un período en el que se percibe la influencia del movimiento cubista, de creciente importancia, que se traduce en un concepto más geométrico de las formas y una simplificación aún mayor, como en El pintor y su modelo.

Hacia 1917 se instaló en Niza, conoció a Renoir, y su estilo se hizo más sutil. Produjo en este período algunas de sus obras más célebres, como Ventana en Niza y la serie de las Odaliscas, donde queda claramente plasmado el gusto de Matisse por la ornamentación y el uso de arabescos. En los años siguientes viajó por Europa y Tahití, donde concibió la obra en gran formato La danza.

Hacia la década de 1940, el colorido de sus telas se tornó más atrevido, como en La blusa rumana y en el Gran interior rojo, antecedentes de los gouaches que realizó a finales de los años cuarenta, en los que cortaba y pegaba papeles coloreados. Es famosa en esta técnica su serie Jazz, de 1943-1946.

En 1950 decoró la capilla del Rosario de las dominicas de Vence, en la obra que mejor expone su tendencia simplificadora hacia formas más planas. Realizó así mismo un gran número de dibujos a pluma e ilustraciones para escritores como Mallarmé y Joyce. En cuanto a sus grabados, el número de piezas alcanza las quinientas, entre litografías, aguafuertes y xilografías. También esculpió en bronce y colaboró escribiendo artículos para distintas revistas especializadas.

En 1963 se abrió en Niza el Museo Matisse, que reúne una parte de su obra.